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Con toda la incertidumbre por saber si finalmente íbamos a viajar, el Domingo del Día del Padre despegamos de Ezeiza rumbo a la ciudad de París para participar del Air Show 2019 de Le Bourget.

Durante estas semanas estuve compartiendo parte del material que se puede ver al final de esta entrada, en la parte de Post relacionados, que invito a que lean si es que les interesa 🙂

Luego de disfrutar toda la semana en París, donde pudimos ver aviones y también pasear por el centro de la ciudad, llegaba el momento de la vuelta a casa, cosa que iba a ser de la mejor manera posible.

El vuelo de Air France directo a Buenos Aires sale de París pasadas las 23hs y como el hotel había que dejarlo por la mañana, máximo al mediodía, aproveché a dejar la valija en la recepción e ir a pasear a París, tal como pueden ver en el Post: “Día 5: el último día en París, la vuelta a casa y la llegada a Buenos Aires”.

Cerca de las 17hs ya estaba volviendo al Sheraton Hotel del Aeropuerto (que tendrá su Post en los próximos días) para levantar la valija y el carry on. Desde ahí y caminando apenas unos minutos (el hotel se encuentra en la misma terminal donde se realiza el check in del vuelo a Buenos Aires), llegué hasta los mostradores prioritarios de Air France.

Había ido con varias horas de anticipación para poder disfrutar de la previa y en el sector prioritario había poca gente para despachar el equipaje.

Con el boarding pass en mano y la valija despachada me fui a pasar por migraciones.

Fueron apenas unos minutos hasta que ya estaba del otro lado, con todos los trámites realizados.

Solo quedaba esperar el vuelo y para eso, luego de pasar por el free-shop para llevar unos presentes a Buenos Aires, me fui a esperar al Salón VIP de Air France, cuyo Post pueden ver en: “Conociendo el enorme Salón VIP de Air France en la Terminal 2F del Aeropuerto Charles de Gaulle de París”.

La previa es un momento que lo disfruto muchísimo. Poder estar y respirar el aire de un Aeropuerto es hermoso y esto me pasa tanto si es en un VIP o bien si es en alguna mesa de algún café. Me han pasado ambas cosas y me encanta !!

Pasaron un par de horas y luego de una refrescante ducha me fui a embarcar a la puerta asignada para el vuelo a Buenos Aires.

Llegó el llamado, bajamos un nivel, ingresamos a la manga y desde ahí pude ver el cockpit y la nariz del Boeing 777, matrícula F-GSPL de casi 20 años de edad 🙂

La clásica foto estuvo tapada por una de las dos mangas aunque por cábala la saqué igual 😉

Previo a embarcar al avión.

Ya dentro de la aeronave, la clase Business de 28 asientos con una configuración de 1-2-1.

En mi caso tenía el asiento en fila 7, la última de Business, pero en ese momento estaba ocupado por una persona que dejó sus pertenencias en el asiento y se fue. Le avisé a una TCP y sorprendida que no estaba la persona se fue para el fondo del avión a buscarla. Mientras tanto me quedé parado, a un costado. Momento incómodo. Pasaron unos minutos hasta que finalmente apareció. Casi sin decir nada, apenas un tímido “perdón”, se sentó en unos de los asientos del medio. Si hubiera sido yo, todavía te estoy pidiendo disculpas. Con el paso del tiempo, con 44 años en el lomo, aprendí que no hay que esperar que la gente reaccione como lo hubiera hecho uno…

Por ese motivo aproveché uno de los asientos que en ese momento estaba libre, creo que era el 4L.

Luego que la chica sacó sus pertenencias (dejó el asiento desordenado a como debía estar), acomodé las cosas y le di click al celular 🙂

Un video mostrando el asiento en la previa del vuelo.

Minutos después se cerraron las puertas y ya estábamos listos para que nos empujen hacia atrás.

La vista desde el asiento en fila 7.

Otra vista desde el asiento 🙂

Nos empujaron hacia atrás, se encendieron los motores y rodamos hasta cabecera de pista por donde despegamos. Escuchá el volumen de los motores !!!

Durante el ascenso, estando cerca de las 12 de la noche y para los que estábamos del lado derecho, se pudo tener esta maravillosa vista.

Unos minutos después me puse a jugar con el entretenimiento a bordo y el mapa con el vuelo.

También desarmé el necesaire para mostrarlo de esta manera.

Una vez que se apagaron las señales de los cinturones, comenzaron con el servicio y lo primero fue unas almendras y castañas que estaban buenísimas, acompañadas de una copa de champagne y coca zero con limón.

Una vez que terminé con la “picadita” pasó uno de los TCP para colocar el mantel y con esto la entrada compuesta por un tartar de salmón con crema de mango y ensalada de brotes.

El plato principal, había pedido los ravioles de cangrejo pero ya no quedaban, fue el pollo en limón confitado.

Con este plato hubo un “pequeño” problema: estaba hiper picante así que pedí por favor si se podía cambiar y me ofrecieron el risotto a la bordalesa que estaba exquisito !!

No daba más de cansancio y una vez que retiraron el servicio me tiré para atrás (aprovechando los 180 grados del asiento), me tapé y me dormí todo hasta despertar cuando sobrevolábamos la ciudad de Goiania en Brasil.

Faltaba algo así como una hora y media para llegar a Buenos Aires y sirvieron el desayuno a medida que se iban despertando los pasajeros.

Pedí el crep con huevos revueltos y champignones pero no quedó más 🙁 así que me conformé con la torrija con compota de ciruelas que no me gustó.

En el horizonte comenzaba a amanecer y con esto el anuncio para preparar la cabina para el aterrizaje. La aproximación a Ezeiza nos regaló postales como esta.

Aproximación final y aterrizaje por pista 11.

Rodamos hasta la posición asignada en la Terminal C y nos detuvimos al lado del 777 de Alitalia y uno de los A330 de Aerolíneas Argentinas.

Desembarcamos por manga y ahí aproveché para tomar esta última imagen del avión.

Fue un largo recorrido hasta bajar por las escaleras mecánicas donde nos esperaba una “linda” sorpresa.

Migraciones express estaba cerrado, con algunos problemas en el sistema y por la hora se habían juntado algunos vuelos.

Las quejas y los comentarios por lo bajo comenzaron a aparecer, cosa que me pareció un poco injusto más allá que a nadie le gusta esperar. Y porque digo esto ? A la llegada a París, en el Aeropuerto Charles de Gaulle, nos comimos una hora y minutos de espera en la fila de migraciones y no escuché ningún comentario. Obviamente no era la misma gente, pero a veces somos muy injustos con cosas de nuestro país.

Tenemos un Aeropuerto de lujo, comparado con varios del mundo, y muchos puestos de migraciones que hacen que cuando está detonado, en menos de 45 ya salís a buscar la valija. Así y todo puteamos, cosa que no hacemos en otro lado. No está bueno.

Como puse, en menos de 45 minutos ya estaba buscando el equipaje por la cinta y el paso por aduanas fue super rápido.

Salí por la puerta de la Terminal A donde aproveché, por cábala y costumbre, a tomar esta imagen…

Siempre con la idea de volver cuando antes para embarcar en otra nueva aventura que seguramente sea más temprano que tarde por que siempre es lindo planificar un viaje y mucho más lindo es subirse a un avión… y viajar 🙂

Ha sido y es un placer enorme haber estado en París disfrutando del Air Show y el reporte de vuelo de vuelta a casa es una historia más de este gran viaje que ocurrió en el mes de Junio y que tiene todos estos Post relacionados:

Hasta la próxima !!

Pablo

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