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Corría el año 1994 y mi vieja, mi inspiración en esto de los viajes, me sentó en la mesa de la cocina.

Tenía 19 años y la historia dice que unos amigos de la secundaria habían armado un grupo de 5 para ir a hacer un curso intensivo de inglés a Philadelphia.

Al principio no quería. No le encontraba mucho interés al viaje. Eran otras épocas. A los 19 años estaba en otra cosa.

Tenía unos ahorros que había juntado (laburé desde chico) y esa guita la quería destinar a otra cosa. Si bien no sabía muy bien a que, lo que era seguro es que tenía otras prioridades.

Llegaba el día de la charla con mi Mamá y a partir de ahí todo iba a cambiar…

Fui el último en sumarme al grupo y esa misma tarde fui a pagar a las oficinas de ELS en Buenos Aires.

La propuesta ya estaba armada y tenía que aceptarla tal cual era.

Así fue que el 24 de Diciembre de 1994, nos embarcábamos rumbo a Santiago de Chile para comenzar esta increíble historia.

Los recuerdos del vuelo son escasos, casi nulos. Entre los flashes que tengo: el tremendo tamaño del avión al cual embarcamos en Chile (era un Boeing 777) y lo que nos cagamos de risa en el vuelo. Estábamos literalmente en un viaje de egresados…

Pasamos Nochebuena y las primeras horas de Navidad arriba del avión y temprano por la mañana aterrizábamos en el JFK de New York.

La emoción era gigantesca y, continuando en la nube de pedos, no teníamos idea de cómo llegar a Manhattan 🙂

Un argentino que laburaba allá nos enganchó, nos tiró un par de chistes y nos convenció de ir con él en un auto.

Un rato después estábamos llegando al YMCA Vanderbilt ubicado en la calle 47 entre la 2 y la 3.

Teníamos 1 semana por delante en New York ya que el 2 de Enero de 1995 debíamos estar presentándonos en la Universidad donde íbamos a estar viviendo a lo largo de todo el mes de Enero.

Ni bien llegamos dejamos las cosas en las habitaciones y nos fuimos a recorrer la ciudad.

En lo personal, y desde el primer momento, quedé IMPACTADO con New York.

Recorrimos un montón y no paramos de caminar por todos lados. Los días se pasaban rapidísimo y no llegábamos a procesar todo lo que estábamos viviendo.

Llegó el 31/12 por la noche y luego de cenar nos fuimos hasta Times Square para ver la fiesta de año nuevo. Esas cosas que, como muchas, jamás me la voy a olvidar.

Al día siguiente teníamos que viajar a Philadelphia y nos fuimos hasta Penn Station para tomar el Amtrak.

Previo a eso, tomé está histórica fotografía de Times Square 🙂 La fecha quedó grabada en la foto: 01/01/1995.

Luego llegaría el momento de la llegada a Saint Joseph´s University el hogar de los Hawks.

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Esta foto fue tomada en Noviembre de 2015 cuando tuve la oportunidad de volver a pisar el predio de la Universidad junto a mi familia. La emoción fue absoluta y el recuerdo, único.

Durante el mes de Enero aprovechamos los fines de semana para conocer Boston y Washington. El último nos quedamos recorriendo la ciudad de Philadelphia.

Los primeros días de Febrero y luego de la finalización del curso, nos fuimos unos días a Chicago para terminar este “Viaje de Estudios Estados Unidos 1994/1995”.

Luego de casi 1 mes volvíamos a New York donde íbamos a pasar 1 semana más y aprovechar a conocer algunas cosas que nos habían quedado pendiente.

Las Torres Gemelas fue un punto muy alto de ese momento y haber podido estar en la terraza del piso más alto fue algo groso que con el tiempo adquirió otro significado.

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Estas dos fotos fueron tomadas en el año 1999 cuando pude volver a subir junto a mi esposa, en ese momento mi novia 🙂

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Luego llegaría el 11 de Septiembre de 2001. Imposible olvidar…

El 07/02/1995 llegaba el momento de pegar la vuelta y nos despedíamos de New York con una impresionante nevada que iba a dejar a la ciudad parada por algunas horas.

Con el paso del tiempo tuve la posibilidad y pude conocer varias ciudades del mundo y si bien hubo algunas que me impactaron y me encantaron, la Gran Manzana tiene un magnetismo especial.

Creo, sin temor a equivocarme, que es sobre la ciudad que mas he escrito y publicado en el Blog…

Detenerse en cualquier esquina, cerrar los ojos, escuchar el sonido de la ciudad, sus olores, su gente, la mística de cada barrio. Una ciudad que te sorprende a cada paso y donde siempre, vayas las veces que vayas, vas a encontrar algo nuevo y diferente para ver o conocer.

New York me llena… me completa y siempre, cada vez que pueda, voy a volver.

Pasaron 22 años y a mis 41 actuales puedo decir que New York me conquistó desde el primer momento…

Hasta la próxima !!

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